“La Vida es exaltada o suprimida según haya equilibrio o
desequilibrio oscilatorio”
Recuerdo aquel dicho popular salido tantas veces de boca
de mi abuela materna “Ni mucho que queme al santo ni tan poco que no lo
alumbre”. Y aunque salido del argot popular este dicho revela en su esencia el
principio universal que hace posible el orden dinámico de la creación y de la
vida saludable, a todo nivel. La vida como tal es el resultado del equilibrio
entre los diferentes elementos que la constituyen; a esto la medicina le llama
Homeostasis. Todo se mueve ordenadamente y saludablemente siempre y cuando la
oscilación de la energía que mueve el fenómeno lo haga de manera equilibrada.
Un sistema biológico estable siempre está regulado por fuerzas o
mecanismos opuestos complementarios en rítmico movimiento que se entrelazan
para generar una sola fuerza impulsora: LA VIDA. La respiración implica
inspiración y expiración; el corazón tiene su sístole y su diástole; el sistema
circulatorio cuenta con un subsistema venoso y otro arterial; las extremidades
no se atrofian mientras la extensión y la flexión operen de manera regular; el
Sistema Nervioso Central utiliza el sistema simpático y el parasimpático; la
conciencia como tal está regida por un sistema específico y otro inespecífico.
Atracción y repulsión equilibrada, fuerzas centrípetas y centrifugas, rigen el
orden dinámico de los sistemas y de los cuerpos celestes.
Nuestro cerebro posee dos hemisferios los cuales deberían
funcionar de manera equilibrada, sin embargo esta posibilidad opera en una
mínima porción de seres humanos. Entrenarnos en ello crea patrones de conducta consientes
que facilitan las decisiones correctas, cuando de buscar el equilibrio se
trata, en las esferas, física, mental y emocional.
El cerebro, como ente biológico, es un órgano destinado a
establecer el equilibrio, para preservar la vida. Pero en una perspectiva más
evolutiva (propia de nosotros, los primates superiores), además de lo anterior,
su función es desarrollar modelos de conducta propicios para acelerar la
evolución, a niveles ya psicoemocional y espiritual… “Hazle a los demás
lo que quieras que te hagan a ti mismo”. Reza la sabiduría antigua de quienes
han buscado su realización. Es esta una formula de comportamiento basada
eminentemente en la equidad; lo que quiero que me hagan a mi (la energía viene
en un sentido) debo hacerlo a los demás (la energía retorna, sentido
contrario). Así es que la enfermedad, a nivel orgánico o psicoemocional, es
asunto de equilibrio.
“La mente humana es un ser orgánico, autocurativo, que
busca el equilibrio”
Nuestra biografía se convierte en biología, la cual es
regida por reacciones químicas capaces de modificar toda forma, color, olor,
sabor, sonido y movimiento, inherente al organismo. Dependiendo de cuan
benéficas o nocivas sean estas reacciones químicas para el organismo, el ser humano
estará imprimiéndole mayor o menor calidad a su vida, tanto a nivel biológico
como ontológico. Las reacciones benéficas son el resultado del equilibrio y las
reacciones nocivas son el resultado de la descompensación. ¿Qué tal si
inspiramos cierta cantidad de aire y expiramos solo una parte, quedando un
remanente permanente de dióxido de carbono en los pulmones?... desde este
momento en adelante vivir sería un martirio ¡pronto la vida se extinguiría! Y
pensar que en la existencia de muchos seres humanos opera esta dinámica. Un
modelo de vida semejante nos aleja de auténticos estados apacibles y serenos
que, desde lo más íntimo de su ser, todo hombre o mujer anhela vivir.
Vamos, ponte en la balanza, ¿A dónde debes colocar más
peso para compensar?... ¡Tu corazón es libre, ten el coraje de seguirlo! Asume la jerarquía de tu esencia, permite a tu espíritu irradiarse y que
tu cuerpo se llene de su luz… ¡Vive y siente la vida, porque ese es tu derecho
al nacer!
FABIO LEÓN
RESTREPO SERNA
aktalonarteyciencia@gmail.com
No hay comentarios:
Publicar un comentario